Los trucos psicológicos para conseguir mejor propina

La costumbre de dejar un dinero extra al servicio empezó en la Europa aristocrática del siglo XVII como gesto que la nobleza tenía con la plebe que le atendía en las tabernas. A lo largo del siglo XX fue en EEUU donde se convirtió en dogma…

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El movimiento anti-propinas crece con fuerza en EEUU de la mano de las reivindicación de la mejoras salariales en el sector servicios. De hecho, varios restauradores muy influyentes de Nueva York ya han prohibido dejar una recompensa extra al pagar en sus establecimientos porque consideran que sus empleados darán mejor servicio si les mejoran las nóminas en vez de delegar parte de su retribución en la generosidad de los clientes. En España, donde en vez de un 15% como en EEUU, lo habitual es dejar entre un 3% y un 5%, las propinas también están de capa caída: algunos estudios calculan que han disminuido un 49% desde 2007.

Ganarse la propina

Una revisión de 14 estudios encontró que la calidad del plato influye muy raras veces en la cantidad de dinero que se les dejan a los camareros. Otros factores hacen mucho más la diferencia. Un experimento realizado en un bar de cócteles de Seattle encontró que el simple hecho de sonreír podría más que duplicar la propina. Para que esto funcione es necesario, por supuesto, que la sonrisa parezca sincera.

Del mismo modo, en un estudio realizado en un restaurante llamado Charlie Brown del sur de California, se les pidió a la mitad de los meseros que se presentaran por su nombre al comienzo de la comida y a la otra mitad se les dijo que no lo hicieran. Las propinas tornaron alrededor de un 15% para los que no se presentaron y un 23% para los que lo hicieron.

En los últimos años, algunas tácticas más discretas han sido probadas. Dos psicólogos franceses Nicolas Gueguen y Celine Jacob han llevado a cabo muchos estudios diferentes sobre las propinas. Concluyeron que si las camareras llevan camisetas rojas, eso incentiva a los hombres a dejar más dinero, aunque no tenga ningún efecto sobre las clientas mujeres. Esta no es la primera vez que la cuestión de los géneros llega a estos estudios. El dibujar una cara sonriente en la factura o escribir gracias por detrás, les ha favorecido mucho a las camareras, pero no a los camareros.

Michael Lynn, profesor que estudia el comportamiento de los consumidores, sin embargo no aconseja dibujar las caras sonrientes en restaurantes de clase alta, ya que podrían no parecer adecuadas para una cena de lujo. El profesor sugiere que dibujar una langosta podría funcionar mejor. Incluir en la nota una tarjeta con una broma puede hacer una gran diferencia. También es importante la forma del plato en el que se sirve la comida. Platos en forma de corazón obtuvieron más propina que los de forma redonda o cuadrada.

Para valientes, Gueguen y Jacob descubrieron que un ligero toque en la parte superior del brazo también subía la suma. Una investigación llevada a cabo en la década de 1980 había descubierto que en general, si tocas a alguien en el brazo mientras le pides un favor son más propensos a decir que sí. El ligero contacto físico parece demostrar que eres una buena persona y que estas centrando toda tu atención en el cliente. En el estudio francés, los participantes eran clientes sentados en un bar de Vannes, en la costa de Bretaña. Ese día, solo el 10% de los clientes dejo algo para el servicio. Pero si la camarera tocaba brevemente el brazo de cada cliente mientras le preguntaba lo que quería beber, se elevaba a 25%.

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La cultura de la propina

Las propinas son un suplemento de precio que se paga por un servicio recibido y que teóricamente no viene incluido en el precio total. En muchos países viene incluido en la factura un apartado que oscila entre un 5 y un 20% llamado “tips” (propinas) y que ha de ser abonado obligatoriamente. En España las propinas forman parte de la cultura social y tuvieron su auge con el inicio del crecimiento hotelero en el país. Los sueldos eran bajos para poder ofrecer vacaciones baratas, y la solidaridad de los turistas extranjeros era tal que los empleados llegaban a cobrar más de “bote” que de sueldo. En muchos casos a los empresarios les venía muy bien la cultura de la propina, ya podían aprovecharse pagar salarios bajos e incentivar al empleado con el reparto de las propinas.

A día de hoy los sueldos en casi todos los sectores laborales se han equiparado a la realidad y las propinas han disminuido exageradamente y ya muchos se hacen la pregunta del millón. ¿Tenemos que dejar propina?¿Por qué?.  Porque por mucho que la RAE defina la propina como un “agasajo que sobre el precio y como muestra de satisfacción se da por algún servicio”, lo cierto es que muchas veces ésta deja de ser voluntaria y se convierte en una obligación, moral o incluso legal.

Para evitar meter la pata por generoso o tacaño, lo mejor es seguir a rajatabla el lema ‘allá donde fueres, haz lo que vieres’ y adaptarse a las costumbres de cada país. Aplicaciones como Tripulator para iPhone o Global Tipping facilitan la tarea.

 

 

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