Hoaxy : una herramienta contra las noticias falsas

El diccionario Oxford eligió posverdad como palabra del año, un neologismo que “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. La palabra ha sido utilizada como un mantra en los medios de comunicación tradicionales…

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Representación gráfica de cómo los bulos (en amarillo y marrón) “infectan” las noticias verdaderas (azul). A la izquierda, los chemtrails “metiéndose” en conversaciones sobre el cielo. Derecha: campañas de antivacunas en discusiones sobre la gripe. Crédito imagen: CNETS. Universidad Indiana

Los medios de comunicación

El brexit, la victoria de Donald Trump, el fracaso del referéndum de las FARC, todo se explica por este término esquivo y engolado que curiosamente no se refiere al papel que los medios de comunicación tienen en la formación de la opinión pública.

De la posverdad ya hablaba Ryszard Kapusczinski sin nombrarla en el año 2002: “Estamos viviendo dos historias distintas: la de verdad y la creada por los medios de comunicación. La paradoja, el drama y el peligro están en el hecho de que conocemos cada vez más la historia creada por los medios de comunicación y no la de verdad”. Un ciudadano español que haya querido informarse de verdad ha tenido que lidiar con noticias falsas en los medios de comunicación españoles más importantes. Los principales medios mainstream continúan promulgando una narrativa de confrontación mediante falsos informes para condicionar al espectador.

Pero la manipulación no acaba aquí, todo lo contrario, precisamente es donde empieza y es a través de las redes sociales donde encumbra el mensaje. De acuerdo con el Digital News Report, de la Universidad de Navarra, las redes sociales constituyen la principal fuente de información del 40% de los internautas. La cifra aumenta al 53% si tenemos en cuenta exclusivamente a los internautas menores de 35. Y lo sorprendente es que casi la mitad confían plenamente en ellas.

El 2016 ha mostrado, por un lado, una avalancha de noticias falsas, muchas vinculadas a la campaña electoral en Estados Unidos, pero otras relacionadas a eventos como el Huracan Sandy que, supuestamente había provocado la inundación de Wall Street. En España,  tal vez una de las más llamativas ha sido la del caso de Nadia, la niña con una enfermedad rara que era utilizada por sus padres para sacar dinero, sobre todo por el hecho de que al periódico que lo publicó no le quedó más remedio que rectificar y reconocer su error. La mayoría de las noticias falsas se publican a sabiendas de que lo son y jamás se rectifican o se mantienen en el medio generando visitas, que para eso se hicieron. Cada año colaboramos con la difusión de una cantidad desmedida de información donde en ocasiones se infiltra también la noticia falsa. Tal ha sido el eco de ellas que incluso ha llevado a Mark Zuckerberg a adoptar medidas para frenar la difusión de bulos en Facebook, una herramienta que advertirá a través de una señal la veracidad en entredicho de la noticia.

La responsabilidad está en nuestras manos

A ello se une un alud de sitios de noticias falsas, algunas que recurren claramente al humor, pero otras a titulares confusos con el objetivo de sacar partido de las visitas, lo que provoca la confusión, el miedo y la inquietud. Todo esto ha provocado, afortunadamente, el nacimiento de numerosos sitios del tan mentado Fact-cheking o confirmación de datos. Como prueba están Snopes.com, PolitiFact y FactCheck.org entre otros.

Para intentar comprender cómo una noticia falsa se transforma en viral, investigadores del Centro de Investigación en Redes y Sistemas Complejos de la Universidad de Indiana, han desarrollado Hoaxy (diminutivo de hoax, bulo en inglés).  El objetivo de esta plataforma es reconstruir las redes de difusión inducidas por los engaños y sus correcciones, a medida que se comparten por internet y se transmiten de persona a persona. Hoaxy permitirá a los investigadores, a los periodistas y al público en general estudiar los factores que afectan el éxito y la mitigación de la desinformación digital masiva. Aunque no se trata de la versión definitiva, la web permite ver cómo un bulo “infecta” la red lentamente. Esto es sumamente importante ya que, como demuestra un reciente estudio, mientras un bulo se hace viral por la “colaboración” de los usuarios más activos en la red, la tarea de fact-checking es más un trabajo de hormigas que rara vez, ve la luz.

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Sostenía un artículo del analista en estrategias de comunicación Manuel Freytas que ‘.. la función del periodismo del sistema no es promover el conocimiento (la comprensión razonada) de la noticia, sino promover el “debate” sin reglas, la discusión irracional y esquizofrénica (sin análisis ni información procesada) de los títulos difundidos como “imágenes sueltas” para producir atracción comercial. Programar lectores, televidentes, o internautas con eslóganes que confrontan con otros eslóganes, es la función y misión esencial que surge de la estructura operativa del periodismo masivo que vende “noticias” como si fueran hamburguesas en la góndola.

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