Los robots te pagarán la pensión

Los expertos calculan que la ‘Segunda Era de la Máquina’ destruirá siete millones de empleos en cinco años. Y la UE ya estudia una solución radical: que las máquinas coticen a la Seguridad Social...

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Por Ismael Marinero

Fue el escritor checo Karel Capek el que, en 1921, mencionó por primera vez en la pieza teatral R.U.R. la palabra robots, describiéndolos como unas criaturas mecánicas creadas para acabar con el trabajo manual del hombre. Todo acaba con una masacre en la que la humanidad perece a manos de los robots… pero esa es otra historia.

Lo llamativo es comprobar cómo la idea de que la automatización está aquí para sustituir a la raza humana en el trabajo ha perdurado en el tiempo y se ha ido convirtiendo en una preocupación colectiva mundial. Sobre todo en los últimos tiempos, dada la velocidad (y voracidad) a la que avanza la tecnología. Y aquí, como en todos los temas conflictivos, los expertos no se ponen de acuerdo.

La Segunda Era de la Máquina, como la denominan los tecnooptimistas del MIT Andrew McAfee y Erik Brynjolfsson , supondrá según un estudio del Foro Económico Mundial la pérdida de 7 millones de empleos «de oficina» en las 15 economías punteras en cinco años. En el mismo lapso de tiempo, calculan que se crearán sólo dos millones. La OCDE habla de un 12% de trabajos automatizables en España, mientras otras investigaciones sitúan la disminución de empleos en la manufactura, la agricultura y los servicios en cerca de un 60%. En lo único en lo que parece haber cierto consenso es en que los nuevos empleos serán muchos menos que los que se destruyan.

Veámoslo desde otra perspectiva: en la actualidad hay 1,7 millones de robots operando en el mercado internacional, pero su venta aumenta a un ritmo del 20% al año, según cuenta Andrés Ortega en La imparable marcha de los robots (Alianza Editorial). La cuestión es: ¿cómo nos enfrentamos a un cambio social de esa envergadura?

Hasta hace pocos años parecía afectar sólo a los trabajos de baja cualificación, pero la digitalización, la Inteligencia Artifical y el big data amenazan con acabar también con millones de empleos de cuello blanco. Por eso la exministra y europarlamentaria luxemburguesa Mady Delvaux ha presentado un informe, aprobado por Bruselas en enero, que contiene reflexiones y sugerencias en torno al estatus legal de los robots y plantea la hipótesis de instaurar un impuesto para paliar la destrucción de empleo. Sus planteamientos inspiraron a Pepe Álvarez, secretario general de UGT, y a Benoît Hamon, recién elegido candidato socialista a las presidenciales francesas, para defender públicamente esa nueva tasa en forma de cotización.

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Consultada a este respecto, Mady Delvaux no apoya la implantación de la medida a corto plazo: «Ahora mismo no creo que sea oportuno fijar un impuesto sobre los robots, porque eso frenaría el desarrollo y la innovación». Su propuesta pasa por «supervisar de cerca la evolución del empleo para que, si en algún momento los robots reemplazan de manera masiva a los trabajadores, estemos preparados para asegurar la viabilidad de la Seguridad Social» Se trata de ejercer cierto control para evitar un repunte aún mayor de la desigualdad y la precarización actuales.

El planteamiento de Delvaux y su equipo va más allá de una medida que todavía debe concretarse, en el sentido de delimitar cuáles serían los robots gravados con este impuesto y cómo se redistribuiría después esa riqueza, si a través de un renta básica universal, como propone Hamon, o fortaleciendo los debilitados servicios públicos y el sistema de pensiones.

«Es algo que va a trastocar todos los aspectos de la vida», subraya Delvaux, «y, por tanto, los europeos haríamos bien en prepararnos. Lo que debemos plantearnos es ¿qué sociedad queremos? ¿Cómo queremos vivir, cómo queremos trabajar, cómo debemos interactuar con los robots?». En ese sentido, su informe también pretende dotar a determinadas máquinas de una personalidad jurídica, porque estas serán «más autónomas, más inteligentes y aprenderán de su entorno. Plantearán la necesidad de revisar en quién recae la responsabilidad civil de sus acciones». Y ahí lo deja, mientras un escalofrío recorre nuestra espalda.

A otros, sin embargo, la idea de que los robots coticen a la Seguridad Social les suena a «auténtico disparate». Así lo defiende Carlos Rodríguez Braun, catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la UCM. «El impuesto a los robots lo pagarían las empresas y eso supone que el dinero para otras cosas, entre ellas, contratar trabajadores, iría a las arcas del Estado. Por tanto, la empresa va a tener menos dinero para contratar y menos dinero para comprar. La medida supondría un rendimiento negativo sobre el empleo y el crecimiento. Pretendiendo favorecer a los trabajadores, los castigas». La clásica pescadilla que se muerde la cola en clave liberal.

Este rechazo a las máquinas, señala Rodríguez Braun, no tiene nada de nuevo. «La idea de que la máquina es el rival del trabajador es muy antigua y muy equivocada. Esto se remonta a hace 200 años, cuando los luditas empezaron a destruir las máquinas que decían iban a sustituir a los trabajadores».

Y recuerda las enseñanzas del economista Ricardo David Ricardo, que en 1821 sostenía que el impacto de la automatización sobre la economía es positivo: supone un aumento de la productividad y, por tanto, de la riqueza y de la capacidad de la economía para contratar trabajadores. Aunque esa productividad esté en entredicho hoy, considerando que crece a menor ritmo que a comienzos del siglo XX. «Si la tecnología conspirase contra el empleo», insiste Rodríguez Braun, «éste tendría que haber desaparecido después del espectacular desarrollo que hemos vivido en los últimos siglos. La tecnología no es rival de los trabajadores, sino su socia, amiga y compañera».

Delvaux contraataca: «Los robots son algo creado para, supuestamente, facilitar la vida de los hombres. Debemos hacer política para beneficio de los hombres, no de la tecnología». Si no les convence ninguna de las dos posturas, cedámosle la palabra a Karel Capek: «El ser humano jamás será esclavizado por la maquinaria si el hombre que maneja las máquinas cobra un buen sueldo».

Imágenes: Pixabay.com

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