Robots que cosen: una amenaza para las economías emergentes

La generalización de las máquinas de coser en el siglo XIX fueron un enemigo crucial para sastres y modistas que después de la apertura económica a finales del siglo XX de los mercados asiáticos a la cabeza, fueron viendo inconvenientes que crecieron aceleradamente con el transcurrir del tiempo hasta arrinconarlos y llevarlos a la banca rota. Hoy sastres y modistas están en el baúl de los recuerdos, pero la automatización continúa de tal forma que también el mercado asiático está en riesgo de quiebra…

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Por Kiran Stacey y Anna Nicolaou

Los avances en automatización podrían arruinar las esperanzas de crear millones de trabajos en sectores como el textil. En muchos países del sur de Asia, miles de personas forman parte de la mano de obra barata de la que se sirven las fábricas, propiedad de firmas extranjeras, para elaborar sus productos con el mínimo coste. El Banco Mundial estima que sólo esta región del mundo incorporará entre 1 y 1,2 millones de personas al mercado laboral cada mes en las próximas dos décadas, unos 240 millones de personas.

Sin embargo, en Atlanta, la compañía estadounidense de robótica Softwear Automation está desarrollando una máquina capaz de sustituir a estos trabajadores, el “Sewbot”, que permite automatizar todo el proceso de confección.

Faltan años para que esta tecnología sea lo suficientemente barata y fiable como para reemplazar a los humanos. Mientras los trabajadores cobran de media unos 1.200 dólares al año, el precio del Sewbot todavía no se ha desvelado, pero fuentes del sector apuntan a que podría costar cientos de miles de dólares. Pero los expertos advierten que es sólo cuestión de tiempo que esta tecnología ponga a prueba el modelo económico de esta parte del mundo.

El sur de Asia se encuentra más expuesto que el resto del mundo, dado que la mayor parte de las economías de la región se basan en el trabajo de manufacturación internacional, para el que China se está encareciendo. En India, Pakistán y Bangladesh, los políticos hablan de implantar un “dividendo demográfico” ya que la población crece rápidamente mientras que los salarios se mantienen a un cuarto respecto de la media en China.

Los economistas se empiezan a preguntar de cuánto dividendo podrán disfrutar estos trabajadores cuando las máquinas, poco a poco, les sustituyan. El impacto también podrá verse en regiones como el sureste asiático y el África subsahariana.

“La robótica y la inteligencia artificial son la siguiente revolución”, asegura Rajiv Kumar, economista y fundador de la fundación Pahle India Foundation, que añade que “van a ser la revolución más desestabilizadora que se haya visto nunca porque reemplazarán no solo el trabajo rutinario sino también funciones mentales complejas”.

En 2015, Dani Rodrik, un economista de Harvard, acuñó la frase “desindustrialización prematura” sosteniendo que muchos países subdesarrollados se convirtieron en economías basadas en servicios mucho antes que sus homólogos occidentales. Rodrik explicó que el cambio tecnológico tuvo un importante papel, pero advierte que esta tendencia podría tener graves consecuencias para el crecimiento económico y la estabilidad política de estas regiones.

Uno de los sectores que podría verse más afectado sería la industria textil. En concreto, Bangladesh es tan dependiente de este sector que el 82% de las exportaciones son textiles, y el 2,5% de su población trabaja en la confección. Según Clean Clothes Campaign, una de las mayores coaliciones de sindicatos del mundo, uniendo Bangladesh, India y Pakistán, hay 27 millones de personas empleadas en el sector.

Una de las razones por las que esta industria genera empleo es porque en el sur de Asia los trabajadores cobran un salario menor al de sus competidores chinos. Otra de las razones es que la industria se ha mantenido inmune a la automatización. La dificultad en el tratamiento de los materiales delicados, la precisión del trabajo o la compleja toma de decisiones, son algunos de los motivos que explican la incapacidad de las máquinas para reproducir este trabajo.

Pero es posible que esto cambie. Los creadores de “Sewbot” están perfeccionando su invención a través de la incorporación de cámaras para que el robot pueda tomar fotos del material que se está cosiendo, analice el proceso y controle mejor los movimientos de sus extremidades.

Esta tecnología llamó la atención de Walmart quien dio a la compañía 2 millones de dólares como parte de un proyecto para automatizar la confección de pantalones vaqueros. El próximo año, la compañía planea expandir el proceso a las camisetas, el 97% de las cuales son fabricadas fuera de EEUU.

Walmart no es el único gran minorista interesado en la confección automatizada. En abril, Amazon presentó una patente para desarrollar una máquina capaz de coser prendas nada más ser encargadas. Las compañías de EEUU también se ven incentivadas por la realidad política ya que, tras la elección de Trump y su promesa de “America first”, las políticas comerciales han llevado a las compañías a buscar formas de traer el trabajo de vuelta al país.

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